martes, 12 de septiembre de 2017

Una cámara propia

Desde que Virgina Woolf escribió Una habitación propia han pasado casi 90 años, y si bien las mujeres se han ido abriendo camino en la literatura y ya no están completamente “relegadas” al género romántico (o no se ven obligadas a publicar bajo pseudónimos, aunque se me ocurren algunos ejemplos recientes), hay otro problema que salió a relucir en esas páginas: en la literatura, la mujer ha sido retratada en incontables situaciones desde el punto de vista de su relación con personajes masculinos. Durante siglos fuimos secundarias, poco más que motivos de trama, planas e insulsas.

Se podría rebatir que ha habido un cambio, una intención de remediar eso con la creación de personajes femeninos profundos e interesantes que son capaces de capturar la atención del lector y ser lo suficientemente importantes para llevar ellas mismas la carga de la trama. Se acabó ser la damisela en apuros que solo sirve para que el héroe la venga a salvar, se acabó ser “la pareja de”, se acabó la necesidad de que un personaje femenino esté definido por su atractivo sexual más que por su valía.
¿O no se acabó? ¿Se han creado nuevos tópicos? ¿O se siguen reciclando los de siempre? Haceros unas simples preguntas, sobre cualquier obra de ficción que os interese. ¿Tienen las mujeres que comparten protagonismo con personajes masculinos conversaciones con otras mujeres? ¿Son esas conversaciones sobre intereses amorosos masculinos? ¿Tienen su propio arco argumental? ¿Necesitan que los personajes masculinos les salven?

La visión femenina en la literatura sigue siendo un problema importante a día de hoy, sobre todo cuando se tiene en cuenta que las autoras femeninas siguen siendo inferiores en número en la gran mayoría de géneros, obviando solo el romántico y la literatura juvenil.

Pero, y con gran aflicción, creo que sería importante centrar nuestra visión en el séptimo arte.

Sé que es complicado hacerse una idea de qué estoy hablando sin un ejemplo, así que cogeremos uno reconocible para la mayor parte de la juventud actual: el universo cinemático Marvel. En Iron Man 3, Pepper, el interés romántico de Tony Stark es usada como motivo de trama, se busca hacerle daño a ella para hacer daño a Tony. Otro gran elefante en la habitación de guionistas de Marvel es la Viuda Negra. ¿Por qué se ha renegado su personaje, básicamente, a ser el interés amoroso de un personaje masculino distinto en cada película en la que aparece, con pocas excepciones? En cuanto al arco argumental propio, es algo más complejo de definir, pero podríamos marcarles también un fallo. Sí, son películas de acción, pero con la suficiente trama para darle un arco “emocional” a la mayoría de personajes masculinos, incluso aquellos a los que el público considera menos interesantes.

¿Qué ocurre en el cine y en las series? Que las mujeres nos hemos acostumbrado a que los personajes femeninos sean escritos por y para una visión masculina de la realidad, y eso es lo que consideramos normal. Incluso cuando se hace el “esfuerzo” de incluir personajes femeninos fuertes e independientes, se hace desde un canon masculino: para llegar a encajar en esos estándares se desprenden de la feminidad, como si fuese algo incompatible, y adquieren roles que les empujan a la comparación con hombres. O, incluso peor, se exige que el personaje sea identificable con esos adjetivos para considerarlo válido.

Aunque nos queda un largo camino por delante y todavía quedan muchos clichés de los que deshacernos y mucha deconstrucción por hacer, me enorgullece decir que creo que se están creando personajes femeninos reales. Personajes con los que identificarse, a los que se les permite ser frágiles cuando lo necesitan, a los que se les permite demostrar que la feminidad y el empoderamiento no tienen porque estar divididos.

Y estos personajes provienen de una visión femenina. Por primera vez en la historia, se está empezando a dar voz a personas que hasta ahora habían estado silenciadas, las mujeres no solo representan la imagen que los hombres han ideado sobre ellas, sino que son ellas mismas las que escriben, dirigen y producen las series y películas en las que podemos dejar de ser planas. Es un camino lento (no ha sido hasta 2017 que una mujer ha dirigido una película con un presupuesto de blockbuster, por ejemplo) pero es un camino que estamos dispuestas a recorrer. Se está dando la vuelta a la historia, se están creando espacios para la mujer en universos que hasta la fecha habían sido solo para hombres.

Y eso les confunde. Les hace sentir amenazados. No entienden las películas dirigidas o escritas por mujeres porque pensaban que la versión de la mujer que se presentaba hasta hoy en la pantalla era la auténtica, y corren a criticar cualquier cosa que contradiga su forma de ver el mundo. Cuando los críticos que se identifican con el género masculino comparten opiniones negativas de películas y series que más tarde son aclamadas por el público general, sobre todo el femenino, es cuanto más notorio se hace este conflicto de opiniones.

Nunca llueve a gusto de todos, pero, en el fondo, es cuando no llueve a su gusto que más ruido hacen. Durante décadas las mujeres han permanecido en silencio delante de la representación que se nos ofrecía porque eso era lo normal, lo único que conocíamos. Y es lo único que conocen ellos también.

Por eso considero que es importante que se haga cine y televisión por y para mujeres. Para todas las mujeres. Para mujeres racializadas, para mujeres blancas, para mujeres pobres, para mujeres ricas, para mujeres trans. Para mujeres valientes y para mujeres frágiles. Para mujeres que eligen su destino y para mujeres que están atadas a las circunstancias. Que las primeras críticas sean negativas, adelante. Nosotras nos merecemos una representación auténtica que nos guste a nosotras, no que satisfaga los deseos del resto de la población. Nos merecemos mirar el mundo desde nuestra propia cámara y que nadie nos diga qué estereotipos tenemos que llenar.

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